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Glomerulopatía C3
La glomerulopatía C3 (C3G) es un término descriptivo, acuñado en 2013 por consenso entre un grupo de expertos, para referirse a un grupo de enfermedades de etiología heterogénea que comparten una alteración central: la desregulación persistente de la vía alternativa del complemento, que produce como consecuencia depósitos predominantes de C3 en el glomérulo y grados variables de inflamación y fibrosis1 . Representa un grupo infrecuente de enfermedades renales —con una incidencia estimada de 1 a 3 casos por millón de habitantes—El diagnóstico se hace por los hallazgos de C3 en la biopsia renal.
Las causas subyacentes son categorizadas como genéticas o adquiridas, siendo éstas últimas más frecuentes, e idiopáticas. Se producen autoanticuerpos frente a proteínas del complemento (como el C3 NeF, C5 NeF.) y como consecuencia, activación continua de la vía alternativa del complemento2 .
El cuadro clínico es heterogéneo, con manifestaciones que oscilan entre hematuria o proteinuria leve con función renal relativamente conservada, hasta cuadros de deterioro subagudo o rápidamente progresivo de la función renal. Se desconoce la frecuencia relativa de las distintas formas clínicas. Suele manifestarse en la infancia o adolescencia, y el desconocimiento de la historia natural de la enfermedad genera incertidumbre entre los pacientes jóvenes acerca de su evolución y su impacto en la vida diaria por la pérdida de la función renal, lo que puede influir en decisiones sobre su desarrollo educativo y profesional, o la planificación familiar...Cuando aparece en la edad adulta —especialmente después de los 50 años— debe descartarse la asociación con ganmapatías monoclonales, ya que el tratamiento en ese caso se orientará a la alteración hematológica de base3 .
A pesar de los avances diagnósticos, hasta el 50% de los pacientes desarrolla enfermedad renal terminal en los 5-10 años posteriores al diagnóstico4 . La recurrencia tras el trasplante renal es frecuente —reportada hasta en el 89% de los casos— y puede ocasionar la pérdida del injerto en más del 60%, lo que justifica un seguimiento estrecho y estrategias terapéuticas individualizadas5.
Cuando la enfermedad aparece en la infancia o adolescencia, el paso a la condición de adulto constituye un momento crítico: con la finalización del seguimiento pediátrico, no es infrecuente que disminuya la adherencia terapéutica y los controles, lo que incrementa el riesgo de descompensaciones o ingresos hospitalarios, reflejando la dificultad de asumir una enfermedad crónica en una etapa vital marcada por la búsqueda de autonomía. Los programas de transición estructurados se han mostrado eficaces para asegurar la continuidad asistencial y la adherencia terapéutica6.
El manejo clínico sigue limitado por la escasa evidencia disponible y la falta de biomarcadores específicos que orienten el diagnóstico precoz o la respuesta al tratamiento. El conocimiento insuficiente entre profesionales contribuye al retraso diagnóstico y a la ausencia de estrategias coordinadas. Además, algunos pacientes muestran reticencias ante los estudios genéticos por su posible impacto psicológico o administrativo. Un consejo genético sensible y bien informado es esencial para reducir la carga emocional que conlleva para algunos padres el haber transmitido una variante genética perjudicial para sus hijos7.
La investigación reciente ha impulsado el desarrollo de fármacos dirigidos al bloqueo del complemento que muestran resultados prometedores en la reducción de la proteinuria, la estabilización de la función renal y reducción de los depósitos de C3 a nivel histológico8, 9. Su eficacia exige un conocimiento cada vez más preciso de cómo y cuándo utilizarlos, así como una mejor capacidad para definir el papel funcional —central o marginal— del complemento en la lesión glomerular. Igualmente, resulta esencial distinguir el componente agudo o crónico del daño renal, para adaptar la estrategia terapéutica a las características de cada paciente10.
Por tratarse de una enfermedad rara, la generación del conocimiento se enriquece con la colaboración activa de todos los actores implicados: pacientes y asociaciones de pacientes, sociedades científicas, compañías farmacéuticas y autoridades sanitarias tanto nacionales como internacionales. Promover sinergias que faciliten registros y biobancos, el intercambio de datos y el acceso abierto a los ensayos clínicos es esencial para que los recursos y la evidencia evolucionen hasta el punto en que podamos identificar con precisión a cada paciente, ofrecer un diagnóstico precoz y preciso, y garantizar tratamientos seguros, eficaces y asequibles.
Mirar al futuro: acompañar, investigar, avanzar.
El progreso en el conocimiento de la C3G pasa por reforzar las redes de colaboración, promover la detección temprana y garantizar el acompañamiento de los pacientes a lo largo de su enfermedad. La integración del avance científico con la comprensión de la vertiente humana de la enfermedad es el verdadero horizonte de esta prometedora era del bloqueo del complemento11 .
Bibliografía